El peso que oscila para medir el
tiempo, se ha detenido. La ausencia del Tic Tac invita al vació a
pasar a casa. Se queda mudo. No pasa nada y el tiempo se siente como
una babosa.
La casa se estrecha como la cavidad de una pre
adolescente; promete sofocarme lentamente, me promete escuchar las
silabas del tiempo, me promete descubrir la falta de circulación.
Asegura drenar mis ojos, enseñarme el verdadero self discover.
La casa se sofoca, intenta desesperadamente respirar. Sus costillas
se abren: ON. Ansiosas por morder: OFF. Deja entrar a las
merodeadoras de la muerte. Zumban. Vigilan. Ellas susurran el nombre
del lugar perdido en mi corazón; embriagan el lugar de rojo
consiguiendo atascar el movimiento.
Entro en el loop de
un carrusel; giro alrededor sin hallarme, giro sin extremidades, giro
sin centro de gravedad, giro sin caricias, giro sin suerte. Poco a
poco, en cada contacto irregular, la palidez se encarna confundiendo
la mente. Dificultando reconocerse. Pronto la forma que era
frecuente se convierte en la afirmación << no parece él >>
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