Las paredes
del baño encostran el recelo de tu imagen. Se marchitan con cada
vibración de lamento.
Me encuentro frente al espejo tratando de
usurpar esa cara tuya. Me encuentro desflorando esa ceja
mía; repitiéndome cuanto me querías. En cada agarre te escucho
jurar tu eterna compañía. Uno a uno va cayendo el pelaje
recobrando la pureza de Eva antes de Adán. Y por cada tronco
caído me acerco más a ti.
El cuero no resiste más. Empieza
a llorar secretando la tristeza que cargo por dentro. Y por cada
pétalo caído, la dermis se asemeja al mármol. A ese mármol de las
máscaras mortuorias. Aún puedo ver la transparencia de mis venas
tocar la superficie. El tiempo de solidificación adelanta su reloj
para sellar mi arco de cupido junto a su hermano inferior.
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